Más lechuzas mensajeras
Los más agudos os habréis percatado de que hoy es jueves y no miércoles, pero espero que podáis guardar el secreto.
Realmente no hay una razón por la que actualice hoy y no ayer, simplemente a pasado. Mis más sinceras disculpas.
Por cierto, antes de que se me olvide, en el camping donde he estado este tiempo he conocido a Tonks.
Trabaja en una especie de todo a cien que hay en la entrada del camping y es, sin lugar a dudas, la persona más torpe que he conocido en toda mi vida. Cuando entré estaba ordenando algo subida a una escalera y cuando me vió se le calló una caja de el otro lado de la estantería, se bajó tan rápido de la escalera que la escalera se le calló al suelo también. Lo intenté, pero no pude evitar reír un poco mientras ponía en sus sitio la caja que se había caído del otro lado. Yo había ido allí para darle una bombona de butano gastada y para comprar otra y, cuando haces eso le quitan el tapón a la nueva y se lo ponen a la vieja y, después de varios intentos fallidos en poner el tapón en la bombona que le había llevado, se rindió y me dijo que tenía toda la tarde para ponerle el tapón.
Supuse que había empezado trabajar hace poco y que por eso estaba tan nerviosa, pero viendo tanta torpeza junta no pude evitar pensar en Tonks. Y, como caballero que soy con todo lo que me recuerda a Harry Potter, le puse el tapón a la bombona mientras me daba las vueltas (aplaudidme, por favor). Creo que fue amor a primera vista. Bueno, no, pero casi.
Oh, y también había un festival hippie (o eso querían aparentar, porque más de la mitad tenían tanto de hippie como lo tiene mi abuela que piensa que el reciclaje es tan estúpido como el que no te gusten los circos porque tratan mal a los animales). Lo único bueno de ese festival "hippie" fueron los dos conciertos tributo que tocaron. Uno de los Rolling Stones y otro de los Beatles. Muy buenos los dos, aunque estos segundos estaban muy mayores y solo pudieron tocar las canciones más tranquilitas.
Si, si, ya dejo de contar estupideces. ¿Respondo de una carrera y al capítulo? Perfecto.
Lectio in Aeterum: No te enfades con el blog :c Se que a veces es un poco travieso y hace travesuras pero en el fondo es un buen chico, el otro día le vi ayudando a una señora a cruzar la carretera. Además, acaricia perros y ayuda a patos a cruzar charcos sin mojarse, es un buen blog.
Kalita Bell: El personaje de Ron está creado para que me burle de el. Lo siento pero es que es tan... ¿Ron?
Anonimus Maximus: Dirás lo que quieras, pero ya me has mandado los besos. Y serás todo lo heterosexual que quieras, pero acabas mandar besos a un hombre.
JuanMa: Es una teoría chula y tiene algo de sentido, me gusta :3 Y eso de ver links... No tengo problemas con abrir links de desconocidos xD no le des tantas vueltas.
Jime Toledo: ¡Felicidades! Algo atrasadas, pero felicidades xD Ehh... Un libro... Es una pregunta complicada elegir uno entre 100.000... ¿Has leido algo de Laura Gallego? Te los recomiendo todos, pero si no quieres meterte con sagas largas como Las Memorias de Idhun o Las Cronicas de la Torre puedes leer Dos Velas para el Diablo.
Alma: ¿El monumento favorito de Lord Voldemort? ¿Por que clase de novato me tomas? ¡He leído tantas veces Harry Potter que ya se que el pequeño Voldy se siente identificado con la gran esfinge, quien tampoco tiene nariz!
¿He acertado? Espero que si. Y ahora dime, alma... ¿Donde guarda sus ahorros Sirius Black?
McGonagall asintió y cogió el libro que Ron le tendía.
—Más lechuzas mensajeras.
En el Gran Comedor se respiraba un ambiente relajado. Ya habían pasado todos los problemas, todos, incluido Sirus, estaban a salvo.
—¡Harry! —Hermione le tiraba de la manga, mirando el reloj—. Tenemos diez minutos para regresar a la enfermería sin ser vistos. Antes de que Dumbledore cierre la puerta con llave.
Y la tensión volvió al comedor.
—De acuerdo —dijo Harry, apartando los ojos del cielo—, ¡vamos!
Entraron por la puerta que tenían detrás y bajaron una estrecha escalera de caracol. Al llegar abajo oyeron voces. Se arrimaron a la pared y escucharon. Parecían Fudge y Snape. Caminaban aprisa por el corredor que comenzaba al pie de la escalera.
—... Sólo espero que Dumbledore no ponga impedimentos —decía Snape—. ¿Le darán el Beso inmediatamente?
—En cuanto llegue Macnair con los dementores. Todo este asunto de Black ha resultado muy desagradable. No tiene ni idea de las ganas que tengo de decir a El Profeta que por fin lo hemos atrapado. Supongo que querrán entrevistarle, Snape... Y en cuanto el joven Harry vuelva a estar en sus cabales, también querrá contarle al periódico cómo usted lo salvó.
Sirius apretó los dientes, irritado.
Harry apretó los dientes. Entrevió la sonrisa hipócrita de Snape cuando él y Fudge pasaron ante el lugar en que estaban escondidos. Sus pasos se perdieron. Harry y Hermione aguardaron unos instantes para asegurarse de que estaban lejos y echaron a correr en dirección opuesta. Bajaron una escalera, luego otra, continuaron por otro corredor y oyeron una carcajada delante de ellos.
—¡Peeves! —susurró Harry, asiendo a Hermione por la muñeca—. ¡Entremos aquí!
Corrieron a toda velocidad y entraron en un aula vacía que encontraron a la izquierda. Peeves iba por el pasillo dando saltos de contento, riéndose a mandíbula batiente.
—¡Es horrible! —susurró Hermione, con el oído pegado a la puerta—. Estoy segura de que se ha puesto así de alegre porque los dementores van a ejecutar a Sirius... —Miró el reloj—. Tres minutos, Harry.
Harry suspiró. Sabía que, tiempo atrás, cuando el seguía pensando que Sirius era el culpable de la muerte de sus padres, el también habría deseado la posible muerte de Sirius. Aunque, bueno, no creía que fuera a ponerse a saltar con alegría.
Aguardaron a que la risa malvada de Peeves se perdiera en la distancia. Entonces salieron del aula y volvieron a correr.
—Hermione, ¿qué ocurrirá si no regresamos antes de que Dumbledore cierre la puerta? —jadeó Harry.
—No quiero ni pensarlo —dijo Hermione, volviendo a mirar el reloj—. ¡Un minuto! —Llegaron al pasillo en que se hallaba la enfermería—. Bueno, ya se oye a Dumbledore —dijo nerviosa Hermione—. ¡Vamos, Harry!
Siguieron por el corredor cautelosamente. La puerta se abrió. Vieron la espalda de Dumbledore.
—Os voy a cerrar con llave —le oyeron decir—. Son las doce menos cinco. Señorita Granger; tres vueltas deberían bastar. Buena suerte.
Dumbledore salió de espaldas de la enfermería, cerró la puerta y sacó la varita para cerrarla mágicamente. Asustados, Harry y Hermione se apresuraron. Dumbledore alzó la vista y una sonrisa apareció bajo el bigote largo y plateado.
—¿Bien? —preguntó en voz baja.
—¡Lo hemos logrado! —dijo Harry jadeante—. Sirius se ha ido montado en Buckbeak...
—Dos pájaros de un tiro —dijo Ojoloco con una sonrisa torcida—. Bien hecho, chicos.
Dumbledore les dirigió una amplia sonrisa.
—Bien hecho. Creo... —Escuchó atentamente por si se oía algo dentro de la enfermería—. Sí, creo que ya no estáis ahí dentro. Entrad. Os cerraré.
Entraron en la enfermería. Estaba vacía, salvo por lo que se refería a Ron, que permanecía en la cama. Después de oir la cerradura, se metieron en sus camas. Hermione volvió a esconder el giratiempo debajo de la túnica. Un instante después, la señora Pomfrey volvió de su oficina con paso enérgico.
—¿Ya se ha ido el director? ¿Se me permitirá ahora ocuparme de mis pacientes?
Estaba de muy mal humor. Harry y Hermione pensaron que era mejor aceptar el chocolate en silencio. La señora Pomfrey se quedó allí delante para asegurarse de que se lo comían. Pero Harry apenas se lo podía tragar. Hermione y él aguzaban el oído, con los nervios alterados. Y entonces, mientras tomaban el cuarto trozo del chocolate de la señora Pomfrey, oyeron un rugido furioso, procedente de algún distante lugar por encima de la enfermería.
—¿Qué ha sido eso? —dijo alarmada la señora Pomfrey.
Oyeron voces de enfado, cada vez más fuertes. La señora Pomfrey no perdía de vista la puerta.
—¡Hay que ver! ¡Despertarán a todo el mundo! ¿Qué creen que hacen?
Harry intentaba oír lo que decían. Se aproximaban.
—Debe de haber desaparecido, Severus. Tendríamos que haber dejado a alguien con él en el despacho. Cuando esto se sepa...
—¡NO HA DESAPARECIDO! —bramó Snape, muy cerca de ellos—. ¡UNO NO PUEDE APARECER NI DESAPARECER EN ESTE CASTILLO! ¡POTTER TIENE ALGO QUE VER CON ESTO!
Harry puso cara de asombro.
—Sé razonable, Severus. Harry está encerrado.
¡PLAM!
La puerta de la enfermería se abrió de golpe. Fudge, Snape y Dumbledore entraron en la sala con paso enérgico. Sólo Dumbledore parecía tranquilo, incluso contento. Fudge estaba enfadado, pero Snape se hallaba fuera de sí.
—¡CONFIESA, POTTER! —vociferó—. ¿QUÉ ES LO QUE HAS HECHO?
—¡Profesor Snape! —chilló la señora Pomfrey—, ¡contrólese!
—Por favor, Snape, sé razonable —dijo Fudge—. Esta puerta estaba cerrada con llave. Acabamos de comprobarlo.
—¡LE AYUDARON A ESCAPAR, LO SÉ! —gritó Snape, señalando a Harry y a Hermione. Tenía la cara contorsionada. Escupía saliva.
—¡Tranquilícese, hombre! —gritó Fudge—. ¡Está diciendo tonterías!
—¡NO CONOCE A POTTER! —gritó Snape—. ¡LO HIZO ÉL, SÉ QUE LO HIZO ÉL!
—Bueno —dijo Ron—, razón tiene.
—Ya vale, Severus —dijo Dumbledore con voz tranquila—. Piensa lo que dices. Esta puerta ha permanecido cerrada con llave desde que abandoné la enfermería, hace diez minutos. Señora Pomfrey, ¿han abandonado estos alumnos sus camas?
—¡Por supuesto que no! —dijo ofendida la señora Pomfrey—. ¡He estado con ellos desde que usted salió!
—Ahí lo tienes, Severus —dijo Dumbledore con tranquilidad—. A menos que crea que Harry y Hermione son capaces de encontrarse en dos lugares al mismo tiempo, me temo que no encuentro motivo para seguir molestándolos.
Algunos rieron levemente y Snape bufó.
Snape se quedó allí, enfadado, apartando la vista de Fudge, que parecía totalmente sorprendido por su comportamiento, y dirigiéndola a Dumbledore, cuyos ojos brillaban tras las gafas. Snape dio media vuelta (la tela de su túnica produjo un frufrú) y salió de la sala de la enfermería como un vendaval.
—Su colega parece perturbado —dijo Fudge, siguiéndolo con la vista—. Yo en su lugar; Dumbledore, tendría cuidado con él.
—No es nada serio —dijo Dumbledore con calma—, sólo que acaba de sufrir una gran decepción.
—¡No es el único! —repuso Fudge resoplando—. ¡El Profeta va a encontrarlo muy divertido! ¡Ya lo teníamos arrinconado y se nos ha escapado entre los dedos! Sólo faltaría que se enterasen también de la huida del hipogrifo, y seré el hazmerreír. Bueno, tendré que irme y dar cuenta de todo al Ministerio...
El ministro suspiró, pensando que peor sería cuando se supiera que se había equivocado en todo. Sirius era inocente y le habían hecho pasar doce años en Azkaban, Voldemor había vuelto y se había pasado un año intentando ridiculizar a Dumbledore y a Potter... Suspiró de nuevo. Bueno, como consuelo, Dumbledore le había dicho que no tenía porque dimitir, aunque, por otra parte, no estaba tan seguro de que el resto del país pensara lo mismo.
—¿Y los dementores? —le preguntó Dumbledore—. Espero que se vayan del colegio.
—Sí, tendrán que irse —dijo Fudge, pasándose una mano por el cabello—. Nunca creí que intentaran darle el Beso a un niño inocente..., estaban totalmente fuera de control. Esta noche volverán a Azkaban. Tal vez deberíamos pensar en poner dragones en las entradas del colegio...
Ron rió entre dientes.
—Eso le encantaría a Hagrid —dijo Dumbledore, dirigiendo a Harry y a Hermione una rápida sonrisa. Cuando él y Fudge dejaron la enfermería, la señora Pomfrey corrió hacia la puerta y la volvió a cerrar con llave. Murmurando entre dientes, enfadada, volvió a su despacho.
Se oyó un leve gemido al otro lado de la enfermería. Ron se acababa de despertar. Lo vieron sentarse, rascarse la cabeza y mirar a su alrededor.
—¿Qué ha pasado? —preguntó—. ¿Harry? ¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde está Sirius? ¿Dónde está Lupin? ¿Qué ocurre?
Harry y Hermione se miraron.
—Explícaselo tú —dijo Harry, cogiendo un poco más de chocolate.
—Fue una explicación tan poco detallada... —protestó Ron—. Me alegro de que estén los libros aquí, así podré enterarme de todo.
—¿Y toda la aventura del basilisco?
—Y tu aquí dormido en la enfermería...
Cuando Harry; Ron y Hermione dejaron la enfermería al día siguiente a mediodía, encontraron el castillo casi desierto. El calor abrasador y el final de los exámenes invitaban a todo el mundo a aprovechar al máximo la última visita a Hogsmeade. Sin embargo, ni a Ron ni a Hermione les apetecía ir, así que pasearon con Harry por los terrenos del colegio, sin parar de hablar de los extraordinarios acontecimientos de la noche anterior y preguntándose dónde estarían en aquel momento Sirius y Buckbeak. Cuando se sentaron cerca del lago, viendo cómo sacaba los tentáculos del agua el calamar gigante (que en realidad es Lavender), Harry perdió el hilo de la conversación mirando hacia la orilla opuesta. La noche anterior; el ciervo había galopado hacia él desde allí.
Una sombra los cubrió. Al levantar la vista vieron a Hagrid, medio dormido, que se secaba la cara sudorosa con uno de sus enormes pañuelos y les sonreía.
—Ya sé que no debería alegrarme después de lo sucedido la pasada noche —dijo—. Me refiero a que Black se volviera a escapar y todo eso... Pero ¿a que no adivináis...?
—Creo que si lo adivinan, Hagrid —rió Sirius.
—¿Qué? —dijeron, fingiendo curiosidad.
—Buckbeak. ¡Se escapó! ¡Está libre! ¡Lo estuve celebrando toda la noche!
—¡Eso es estupendo! —dijo Hermione, dirigiéndole una mirada severa a Ron, que parecía a punto de reírse.
—Sí, no lo atamos bien —explicó Hagrid, contemplando el campo satisfecho—. Esta mañana estaba preocupado, pensé que podía tropezarse por ahí con el profesor Lupin. Pero Lupin dice que anoche no comió nada.
—¿Cómo? —preguntó Harry.
—Caramba, ¿no lo has oído? —le preguntó Hagrid, borrando la sonrisa. Bajó la voz, aunque no había nadie cerca—. Snape se lo ha revelado esta mañana a todos los de Slytherin.
—¿Que está haciendo las maletas? —preguntó Harry alarmado—. ¿Por qué?
La mano de Tonks, cerrada en forma de puño, presionaba con fuerza su asiento y su cabello, anteriormente de un empalagoso rosa chicle, era de un rojo furioso y amenazante.
Instantáneamente su puño dejó de hacer fuerza contra el asiento aunque, por alguna razón, su cabello seguía siendo rojo.
—Porque se marcha —dijo Hagrid, sorprendido de que Harry lo preguntara—. Lo primero que hizo esta mañana fue presentar la dimisión. Dice que no puede arriesgarse a que vuelva a suceder.
Harry se levantó de un salto.
—Voy a verlo —dijo a Ron y a Hermione.
—Pero si ha dimitido...
—No creo que podamos hacer nada.
—No importa. De todas maneras, quiero verlo. Nos veremos aquí mismo más tarde.
Los merodeadores sonrieron a Harry.
La puerta del despacho de Lupin estaba abierta. Ya había empaquetado la mayor parte de sus cosas. Junto al depósito vacío del grindylow, la maleta vieja y desvencijada se hallaba abierta y casi llena. Lupin se inclinaba sobre algo que había en la mesa y sólo levantó la vista cuando Harry llamó a la puerta.
—Te he visto venir —dijo Lupin sonriendo. Señaló el pergamino sobre el que estaba inclinado. Era el mapa del merodeador.
—Acabo de estar con Hagrid —dijo Harry—. Me ha dicho que ha presentado usted la dimisión. No es cierto, ¿verdad?
—Me temo que sí —contestó Lupin. Comenzó a abrir los cajones de la mesa y a vaciar el contenido.
—¿Por qué? —preguntó Harry—. El Ministerio de Magia no lo creerá confabulado con Sirius, ¿verdad?
Lupin fue hacia la puerta y la cerró.
—No. El profesor Dumbledore se las ha arreglado para convencer a Fudge de que intenté salvaros la vida —suspiró—. Ha sido el colmo para Severus. Creo que ha sido muy duro para él perder la Orden de Merlín.
—¡Que asqueroso! —saltó James molesto y miró a Lily, rogándole con la mirada que le diera permiso para hechizarle y dejarle en ridículo delante de todos, pero Lily se limitó a sonreír con tristeza.
—¿Y se va sólo por eso? —preguntó Harry.
Algunos sonrieron a Harry, sorprendidos por su inocencia.
Lupin sonrió con ironía.
—Mañana a esta hora empezarán a llegar las lechuzas enviadas por los padres. No consentirán que un hombre lobo dé clase a sus hijos, Harry. Y después de lo de la última noche, creo que tienen razón. Pude haber mordido a cualquiera de vosotros... No debe repetirse.
—¡Es usted el mejor profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido nunca! —dijo Harry—. ¡No se vaya!
—Si llego a haber sabido lo que ocurriría el siguiente año no me habría ido —aseguró Lupin, y James y Lily cruzaron una mirada, inquietos por lo que eso podía significar.
Lupin negó con la cabeza, pero no dijo nada. Siguió vaciando los cajones. Luego, mientras Harry buscaba un argumento para convencerlo, Lupin añadió:
—Por lo que el director me ha contado esta mañana, la noche pasada salvaste muchas vidas, Harry. Si estoy orgulloso de algo es de todo lo que has aprendido. Háblame de tu patronus.
—¿Cómo lo sabe? —preguntó Harry anonadado.
—¿Qué otra cosa podía haber puesto en fuga a los dementores?
Harry contó a Lupin lo que había ocurrido. Al terminar, Lupin volvía a sonreír:
—Sí, tu padre se transformaba siempre en ciervo —confirmó—. Lo adivinaste. Por eso lo llamábamos Cornamenta. —Lupin puso los últimos libros en la maleta, cerró los cajones y se volvió para mirar a Harry—. Toma, la traje la otra noche de la Casa de los Gritos —dijo, entregándole a Harry la capa invisible—: Y... —titubeó y a continuación le entregó también el mapa del merodeador—. Ya no soy profesor tuyo, así que no me siento culpable por devolverte esto. A mí ya no me sirve. Y me atrevo a creer que tú, Ron y Hermione le encontraréis utilidad.
Muchos sonrieron y James y Sirius le dieron una palmada en la espalda a su amigo.
Harry cogió el mapa y sonrió.
—Usted me dijo que Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta me habrían tentado para que saliera del colegio..., que lo habrían encontrado divertido.
—Sí, lo habríamos hecho —confirmó Lupin, cerrando la maleta—. No dudo que a James le habría decepcionado que su hijo no hubiera encontrado ninguno de los pasadizos secretos para salir del castillo.
—Eh... No realmente, Harry —empezó James, nervioso—. Eh... Incluso si fueras un alumno ejemplar y plasta de esos... no me sentiría decepcionado ¿vale? Bueno, tal vez un poco pero...
Alguien llamó a la puerta. Harry se guardó rápidamente en el bolsillo el mapa del merodeador y la capa invisible.
Era el profesor Dumbledore. No se sorprendió al ver a Harry.
—Tu coche está en la puerta, Remus —anunció.
—Gracias, director.
Lupin cogió su vieja maleta y el depósito vacío del grindylow.
—Bien. Adiós, Harry —dijo sonriendo—. Ha sido un verdadero placer ser profesor tuyo. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar en otra ocasión. Señor director; no hay necesidad de que me acompañe hasta la puerta. Puedo ir solo.
Harry tuvo la impresión de que Lupin quería marcharse lo más rápidamente posible.
—Adiós entonces, Remus —dijo Dumbledore escuetamente. Lupin apartó ligeramente el depósito del grindylow para estrecharle la mano a Dumbledore. Luego, con un último movimiento de cabeza dirigido a Harry y una rápida sonrisa, salió del despacho.
Harry se sentó en su silla vacía, mirando al suelo con tristeza. Oyó cerrarse la puerta y levantó la vista. Dumbledore seguía allí.
—¿Por qué estás tan triste, Harry? —le preguntó en voz baja—. Tendrías que sentirte muy orgulloso de ti mismo después de lo ocurrido anoche.
—No sirvió de nada —repuso Harry con amargura—. Pettigrew se escapó.
—¿Que no sirvió de nada? —dijo Dumbledore en voz baja—. Sirvió de mucho, Harry. Ayudaste a descubrir la verdad. Salvaste a un hombre inocente de un destino terrible.
«Terrible.» Harry recordó algo. «Más grande y más terrible que nunca.» ¡La predicción de la profesora Trelawney!
—Deberías contárselo a Dumbledore —le dijeron Lily y Remus al mismo tiempo.
—Profesor Dumbledore: ayer; en mi examen de Adivinación, la profesora Trelawney se puso muy rara.
—¿De verdad? —preguntó Dumbledore—. ¿Quieres decir más rara de lo habitual?
Algunos rieron, sorprendidos de que Dumbledore hubiese dicho algo así y la profesora Trelawney bufó de forma exagerada y cruzó las piernas.
—Sí... Habló con una voz profunda, poniendo los ojos en blanco. Y dijo que el vasallo de Voldemort partiría para reunirse con su amo antes de la medianoche. Dijo que el vasallo lo ayudaría a recuperar el poder. —Harry miró a Dumbledore—. Y luego volvió a la normalidad y no recordaba nada de lo que había dicho. ¿Sería una auténtica profecía?
Dumbledore parecía impresionado.
—Pienso que podría serlo —dijo pensativo—. ¿Quién lo habría pensado? Esto eleva a dos el total de sus profecías auténticas. Tendría que subirle el sueldo...
Muchos parpadearon extrañados, algunos por el hecho de que la profesora Trelawney hubiese hecho alguna profecía auténtica y otros por el hecho de que solo hubiese hecho dos.
—Pero... —Harry lo miró aterrorizado: ¿cómo podía tomárselo Dumbledore con tanta calma?—, ¡pero yo impedí que Sirius y Lupin mataran a Pettigrew! Esto me convierte en culpable de un posible regreso de Voldemort.
—¡Claro que no, Harry! —saltó Hermione—. Fue la elección más pacifica, hiciste bien.
—En absoluto —respondió Dumbledore tranquilamente—. ¿No te ha enseñado nada tu experiencia con el giratiempo, Harry? Las consecuencias de nuestras acciones son siempre tan complicadas, tan diversas, que predecir el futuro es realmente muy difícil. La profesora Trelawney, Dios la bendiga, es una prueba de ello. Hiciste algo muy noble al salvarle la vida a Pettigrew.
Harry miró al suelo, el no creía nada de eso.
—¡Pero si ayuda a Voldemort a recuperar su poder...!
—Pettigrew te debe la vida. Has enviado a Voldemort un lugarteniente que está en deuda contigo. Cuando un mago le salva la vida a otro, se crea un vínculo entre ellos. Y si no me equivoco, no creo que Voldemort quiera que su vasallo esté en deuda con Harry Potter.
—No quiero tener ningún vínculo con Pettigrew —dijo Harry—. Traicionó a mis padres.
—Esto es lo más profundo e insondable de la magia, Harry. Pero confía en mí. Llegará el momento en que te alegres de haberle salvado la vida a Pettigrew.
Desde luego, ahora no era el momento, y dudaba que llegara a vivir ese momento.
Harry no podía imaginar cuándo sería. Dumbledore parecía saber lo que pensaba Harry.
—Traté mucho a tu padre, Harry, tanto en Hogwarts como más tarde —dijo dulcemente—. Él también habría salvado a Pettigrew, estoy seguro.
James no estaba tan seguro. Peter había causado su muerte, la de Lily, y había creado un infierno para su hijo... ¿De verdad le salvaría? Suspiró. Era todo muy complicado.
Harry lo miró. Dumbledore no se reina. Se lo podía decir.
—Anoche... pensé que era mi padre el que había hecho aparecer mi patronus. Quiero decir... cuando me vi a mí mismo al otro lado del lago, pensé que lo veía a él.
—Un error fácil de cometer —dijo Dumbledore—. Supongo que estarás harto de oírlo, pero te pareces extraordinariamente a James. Menos en los ojos: tienes los de tu madre.
Harry sacudió la cabeza.
—Fue una idiotez pensar que era él —murmuró—. Quiero decir... ya sé que está muerto.
James volvió a sentir algo afilado clavarse en su corazón sin piedad alguna. No quería que Harry estuviese solo. No quería que Harry creciese sin padres. No quería que Harry fuese huérfano. No quería. ¿Pero que podía hacer? Cerró los ojos unos segundos, no iba a ser tan fácil como pensaba el volver a su tiempo y dejarse matar...
—¿Piensas que los muertos a los que hemos querido nos abandonan del todo? ¿No crees que los recordamos especialmente en los mayores apuros? Tu padre vive en ti, Harry, y se manifiesta más claramente cuando lo necesitas. ¿De qué otra forma podrías haber creado ese patronus tan especial? Cornamenta volvió a galopar anoche. —Harry tardó un rato en comprender lo que Dumbledore acababa de decirle—. Sirius me contó anoche cómo se convertían en animagos —añadió Dumbledore sonriendo—. Una hazaña extraordinaria... y aún más extraordinario fue que yo no me enterara. Y entonces recordé la muy insólita forma que adoptó tu patronus cuando embistió al señor Malfoy en el partido contra Ravenclaw. Así que anoche viste realmente a tu padre... Lo encontraste dentro de ti mismo.
James sonrió a Dumbledore y este le devolvió la sonrisa.
Y Dumbledore abandonó el despacho dejando a Harry con sus confusos pensamientos.
Nadie en Hogwarts conocía la verdad de lo ocurrido la noche en que desaparecieron Buckbeak, Sirius y Pettigrew, salvo Harry; Ron, Hermione y el profesor Dumbledore. Al final del curso, Harry oyó muchas teorías acerca de lo que había sucedido, pero ninguna se acercaba a la verdad.
Malfoy estaba furioso por lo de Buckbeak. Estaba convencido de que Hagrid había hallado la manera de esconder el hipogrifo, y parecía ofendido porque el guardabosques hubiera sido más listo que su padre y él. Percy Weasley, mientras tanto, tenía mucho que decir sobre la huida de Sirius.
—¡Si logro entrar en el Ministerio, tendré muchas propuestas para hacer cumplir la ley mágica! —dijo a la única persona que lo escuchaba, su novia Penelope.
Aunque el tiempo era perfecto, aunque el ambiente era tan alegre, aunque sabía que había logrado casi lo imposible al liberar a Sirius, Harry nunca había estado tan triste al final de un curso.
Ciertamente, no era el único al que le apenaba la partida del profesor Lupin. Todo el grupo que acudía con Harry a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras lamentaba su dimisión.
—Me pregunto a quién nos pondrán el próximo curso —dijo Seamus Finnigan con melancolía.
—Tal vez a un vampiro —sugirió Dean Thomas con ilusión.
—O tal vez un mortífago chiflado con el cuerpo de un ex-auror que también esta chiflado —comentó Ron en voz baja haciendo reír a Harry y a Hermione.
Lo que le pesaba a Harry no era sólo la partida de Lupin. No podía dejar de pensar en la predicción de la profesora Trelawney. Se preguntaba continuamente dónde estaría Pettigrew, si estaría escondido o si habría llegado ya junto a Voldemort. Pero lo que más lo deprimía era la perspectiva de volver con los Dursley. Durante media hora, una gloriosa media hora, había creído que viviría en adelante con Sirius, el mejor amigo de sus padres. Era lo mejor que podía imaginar, exceptuando la posibilidad de tener allí otra vez a su padre.
Lily tampoco estaba satisfecha. Su lado responsable le decía que su muerte y la de James habían contribuido a que su hijo fuera quien era y a que Voldemort fuera derrotado pero... ¿Por que tenía que ser todo tan complicado? Ella tan solo deseaba una vida tranquila con su marido y su hijo ¿era tanto pedir? Cerró los ojos para contener las lagrimas. Harry había podido superar todo esto. James también lo estaba haciendo. Ella no podía ser menos.
Los resultados de los exámenes salieron el último día del curso. Harry, Ron y Hermione habían aprobado todas las asignaturas. Harry estaba asombrado de que le hubieran aprobado Pociones. Sospechaba que Dumbledore había intervenido para impedir que Snape lo suspendiera injustamente. El comportamiento de Snape con Harry durante toda la última semana había sido alarmante. Harry nunca habría creído que la manía que le tenía Snape pudiera aumentar; pero así fue. A Snape se le movía un músculo en la comisura de la boca cada vez que veía a Harry, y se le crispaban los dedos como si deseara cerrarlos alrededor del cuello de Harry.
Snape tuvo la impresión de que iba a ser asesinado antes de que acabaran de leer los libros.
Percy obtuvo las más altas calificaciones en ÉXTASIS. Fred y George consiguieron varios TIMOS cada uno.
Muchos gruñeron al escuchar el-apellido-que-no-debe-ser-nombrado.
· · ·
Cuando a la mañana siguiente el expreso de Hogwarts salió de la estación, Hermione dio a Ron y a Harry una sorprendente noticia:
—Esta mañana, antes del desayuno, he ido a ver a la profesora McGonagall. He decidido dejar los Estudios Muggles.
—¡Pero aprobaste el examen con el 320 por ciento de eficacia!
—¿trescientos veinte por ciento? —preguntaron muchos sorprendidos mientras Hermione intentaba aparentar que no estaba demasiado satisfecha con el resultado.
—Lo sé —suspiró Hermione—. Pero no puedo soportar otro año como éste. El giratiempo me estaba volviendo loca. Lo he devuelto. Sin los Estudios Muggles y sin Adivinación, volveré a tener un horario normal.
—Todavía no puedo creer que no nos dijeras nada —dijo Ron resentido—. Se supone que somos tus amigos.
—Prometí que no se lo contaría a nadie —dijo gravemente. Se volvió para observar a Harry, que veía cómo desaparecía Hogwarts detrás de una montaña. Pasarían dos meses enteros antes de volverlo a ver—. Alégrate, Harry —dijo Hermione con tristeza.
—Estoy bien —repuso Harry de inmediato—. Pensaba en las vacaciones.
—Sí, yo también he estado pensando en ellas —dijo Ron—. Harry, tienes que venir a pasar unos días con nosotros. Lo comentaré con mis padres y te llamaré. Ya sé cómo utilizar el felétono.
Unos cuantos rieron mientras otros se preguntaban con curiosidad que era el felétono.
—El teléfono, Ron —le corrigió Hermione—. La verdad, deberías coger Estudios Muggles el próximo curso...
Ron no le hizo caso.
—¡Este verano son los Mundiales de quidditch! ¿Qué dices a eso, Harry? Ven y quédate con nosotros. Iremos a verlos. Mi padre normalmente consigue entradas en el trabajo.
—¡Por favor! —rugió James hacia el señor y la señora Weasley—. ¡Se lleváis a mi hijo a los mundiales haré lo que sea! ¡Lo que sea!
Molly, que se había asustado con la precipitada aparición de James delante de ellos, se había puesto detrás de Arthur y este, que permanecía tan calmado como de costumbre, se limitó a sonreír.
La proposición alegró mucho a Harry.
—Sí... Apuesto a que los Dursley estarán encantados de dejarme ir... Especialmente después de lo que le hice a tía Marge...
Mucho más contento, Harry jugó con Ron y Hermione varias manos de snap explosivo, y cuando llegó la bruja con el carrito del té, compró un montón de cosas de comer; aunque nada que contuviera chocolate.
Pero fue a media tarde cuando apareció lo que lo puso de verdad contento...
—Harry —dijo Hermione de repente, mirando por encima del hombro de él—, ¿qué es eso de ahí fuera?
Harry se volvió a mirar. Algo muy pequeño y gris aparecía y desaparecía al otro lado del cristal. Se levantó para ver mejor y distinguió una pequeña lechuza que llevaba una carta demasiado grande para ella. La lechuza era tan pequeña que iba por el aire dando tumbos a causa del viento que levantaba el tren. Harry bajó la ventanilla rápidamente, alargó el brazo y la cogió. Parecía una snitch cubierta de plumas. La introdujo en el vagón con mucho cuidado. La lechuza dejó caer la carta sobre el asiento de Harry y comenzó a zumbar por el compartimento, contenta de haber cumplido su misión. Hedwig dio un picotazo al aire con digna actitud de censura. Crookshanks se incorporó en el asiento, persiguiendo con sus grandes ojos amarillos a la lechuza. Al notarlo, Ron la cogió para protegerla.
Harry recogió la carta. Iba dirigida a él. La abrió y gritó:
—¡Es de Sirius!
—¿Qué? —exclamaron Ron y Hermione, emocionados—. ¡Léela en voz alta!
Querido Harry:
Espero que recibas esta carta antes de llegar a casa de tus tíos. No sé si ellos están habituados al correo por lechuza.
Buckbeak y yo estamos escondidos. No te diré dónde por si ésta cae en malas manos. Tengo dudas acerca de la fiabilidad de la lechuza, pero es la mejor que pude hallar, y parecía deseosa de acometer esta misión.
Ginny sonrió, Pig siempre se emocionaba cuando le pedían que llevara una carta.
Creo que los dementores siguen buscándome, pero no podrán encontrarme. Estoy pensando en dejarme ver por algún muggle a mucha distancia de Hogwarts, para que relajen la vigilancia en el castillo.
—Que considerado —dijo Remus sorprendido—. Cualquiera diría que has madurado, Sirius.
Hay algo que no llegué a contarte durante nuestro breve encuentro: fui yo quien te envió la Saeta de Fuego.
—¡Ja! —exclamó Hermione, triunfante—. ¿Lo veis? ¡Os dije que era de él!
—¿Por que nunca pude equivocarse? —le preguntó Ron a Harry algo molesto haciendo que este riera.
—Sí, pero él no la había gafado, ¿verdad? —observó Ron—. ¡Ay!
La pequeña lechuza, que daba grititos de alegría en su mano, le había picado en un dedo de manera al parecer afectuosa.
Crookshanks llevó el envío a la oficina de correos. Utilicé tu nombre, pero les dije que cogieran el oro de la cámara de Gringotts número 711, la mía. Por favor, considéralo como el regalo que mereces que te haga tu padrino por cumplir trece años.
Muchos sonrieron a Sirius, desde luego la impresión que tenían de el había cambiado muchísimo.
También me gustaría disculparme por el susto que creo que te di aquella noche del año pasado cuando abandonaste la casa de tu tío. Sólo quería verte antes de comenzar mi viaje hacia el norte. Pero creo que te alarmaste al verme.
Te envío en la carta algo que espero que te haga disfrutar más el próximo curso en Hogwarts.
Harry sonrió al recordar que era.
Si alguna vez me necesitas, comunícamelo. Tu lechuza me encontrará.
Volveré a escribirte pronto.
Sirius
Harry miró impaciente dentro del sobre. Había otro pergamino. Lo leyó rápidamente, y se sintió tan contento y reconfortado como si se hubiera tomado de un trago una botella de cerveza de mantequilla.
Muchos se preguntaban que podía ser, mientras Lily aconsejaba a James que no apostara contra Remus, porque perdería seguro.
Yo, Sirius Black, padrino de Harry Potter, autorizo por la presente a mi ahijado a visitar Hogsmeade los fines de semana.
—¿Ves? —le dijo Lily a James—. Es que ni siquiera se como podías llegar a pensar que esa pequeña lechuza le llevara a Harry la moto de Sirius.
—Esto le bastará a Dumbledore —dijo Harry contento. Volvió a mirar la carta de Sirius—. ¡Un momento! ¡Hay una posdata...!
He pensado que a tu amigo Ron tal vez le guste esta lechuza, ya que por mi culpa se ha quedado sin rata.
Ron abrió los ojos de par en par. La pequeña lechuza seguía gimiendo de emoción.
—¿Quedármela? —preguntó dubitativo. La miró muy de cerca durante un momento, y luego, para sorpresa de Harry y Hermione, se la acercó a Crookshanks para que la olfatease.
—¿Qué te parece? —preguntó Ron al gato—. ¿Es una lechuza de verdad?
Crookshanks ronroneó.
—Es suficiente —dijo Ron contento—. Me la quedo.
Algunos rieron divertidos.
Harry leyó y releyó la carta de Sirius durante todo el trayecto hasta la estación de King’s Cross. Todavía la apretaba en la mano cuando él, Ron y Hermione atravesaron la barrera del andén nueve y tres cuartos. Harry localizó enseguida a tío Vernon. Estaba de pie, a buena distancia de los padres de Ron, mirándolo con recelo. Y cuando la señora Weasley abrazó a Harry, confirmó sus peores suposiciones sobre ellos.
—¡Te llamaré por los Mundiales! —gritó Ron a Harry, al despedirse de ellos. Luego volvió hacia tío Vernon el carrito en que llevaba el baúl y la jaula de Hedwig. Su tío lo saludó de la manera habitual.
—¿Qué es eso? —gruñó, mirando el sobre que Harry apretaba en la mano—. Si es otro impreso para que lo firme, ya tienes otra...
—No lo es —dijo Harry con alegría—. Es una carta de mi padrino.
James, Remus y Sirius compartieron una mirada misteriosa.
—¿Padrino? —farfulló tío Vernon—. Tú no tienes padrino.
—Sí lo tengo —dijo Harry de inmediato—. Era el mejor amigo de mis padres. Está condenado por asesinato, pero se ha escapado de la prisión de los brujos y ahora se halla escondido. Sin embargo, le gusta mantener el contacto conmigo... Estar al corriente de mis cosas... Comprobar que soy feliz...
—¡SI! —celebraron los merodeadores con felicidad, la cual era compartida por el resto del comedor.
—No podíamos esperar menos de Harry Potter ¿cierto George? —le preguntó Fred a su hermano, quien asintió varias veces.
Y sonriendo ampliamente al ver la expresión de terror que se había dibujado en el rostro de tío Vernon, Harry se dirigió a la salida de la estación, con Hedwig dando picotazos delante de él, para pasar un verano que probablemente sería mucho mejor que el anterior.
Se acabó el tercer libro. Queda un cap más para acabar con esta saga.
Por cierto, gracias a todos los que habéis comentado que deberían preparar los tres hermanos traviesos pero, lamento informaros que ¡Harry no puede enamorarse de Ginny todavía, y menos aún saber que va a ser la madre de sus pottercitos! Por desgracia...
Por cierto, no tengo ni idea de lo que van a hacer Lily, James y Albus pero espero que salga algo divertido.
Nos vemos el miércoles que viene.
Bye!
PD: Vuelvo a subir el cap sin corregir, como siempre, avisadme de cualquier cosa. Y gracias a los que avisasteis en el anterior :)
